Entre la bronca que me sostenía por detrás y la amargura de lo que no pudo ser.
Nos abrazamos tibiamente en la puerta del registro.
Como dos desconocidos firmamos los papeles de la venta de la camioneta.
Nos fuimos antes, caminando juntos, uno al lado del otro sin tocarnos, hablando de a ratos entre la gente, reproches, facturas, una tristeza enorme, de esas que agujerean.
Lo vi flaco, desmejorado.
Lloramos juntos en un desayuno de paso a la vida de cada quien.
Lo veo tan perdido que me da pena.
Me veo tan furiosa que no puedo aflojar.
En casa embalo lo que quedo de nosotros.
"los muebles del amor" como decía Joaquín.
"nos sobran los motivos", tristemente real.
Trato de agarrarme de lo que puedo para no retroceder.
De la gente nueva que aparece en el horizonte,
de las amigas, de la risa y un vinito compartido,
de esa frase que me quedo picando "vos te diste cuenta la mujer que sos, no?" y no precisamente salia de sus labios...
siento que lo veo y quiero hacer de cuenta que nada de esto ha pasado.
Me siento una imbécil cuando lo miro como hoy en el subte y me veo a mi misma repasando cada arruga de su cara.
Aun tiene el anillo.
Yo me lo quite desesperada, llorando desconsoladamente.
Hoy no va mas.
Hoy entiendo esa frase que reza que " a veces el mejor viaje es la distancia entre dos personas".
Que locura todo, la reputa madre que lo repario!







