Pasaron las fiestas, pasaron los brindis, y un poquito el proyectrómetro del año nuevo se fue calmando.
Llegaron dias de intenso calor y con ellos la voluntad de ir al gimnasio fue menguando, con la culpa que eso trae consigo... al menos para mi.
Enero trajo charlas, reflexiones, amigos que ya no quiero elegir, problemas que no me interesa resolver y muchas cosas que sí quiero hacer.
Enero me trajo una terraza llena de flores, la menta que crece y el fuego de la parilla que crispa bajo las noches de verano.
No hay tiempo que perder, pero tampoco hay que perder las ganas.
Pongo mi atención en el mar que se asoma cerca, de unas vacaciones planeadas en familia, con la familia que somos hoy.
Hoy no hay nada que me importe mas que caminar descalza por la arena, esperar que el sol doble la linea del horizonte y sentir su abrazo mientras nuestra flaca corre feliz.
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