Estos últimos días, las cosas que se han ido acomodado, el alquiler firmado, parte de la medicación mirándome en la heladera, papeles para autorizar y la mente en blanco.
Con miedo, si, pero la mente abierta.
Me pongo contenta porque la ropa se secó al sol de la terraza con la misma intensidad que me enojo cuando veo un auto estacionado sobre una rampa de discapacitados.
Así soy: intensa.
Y con esa misma intensidad, lo abrazo cuando llega, con esa misma fuerza sigo escarbando en sesión como "me siento" ahora que
Repaso todo lo que he pasado,
todo lo que he llorado,
lo sola que me he sentido tantas veces...
Le cuento que estuve con el bebé de una amiga, que no podía animarme a asociarlo con una imagen de lo "propio"... como verme en una escena donde yo bien podría estar: YO MAMÁ.
Doy vueltas, me enredo en mis palabras y logro decirle que por fin ya no quiero luchar tanto...
me quiero encontrar con esa otra parte, la que sí, lo cree posible.
De donde nace mi deseo de ser mamá?
De ahí, de adentro, donde late mi amor, donde esas ganas tienen raíces.
"No hay nada sin amor", le digo.
en mi vida no hay nada más que sea sin amor.









