14.12.20

Cruzar a la otra orilla

Siempre me veo a mi misma, remando.

Como una remadora olimpica, que va, se entrena, le duelen los brazos, pero aun asi, sigue, y sigue, con la cara frente al viento, apretando los dientes, intentando llegar hasta la otra orilla aunque mas no sea con su ultimo aliento.

He logrado conquistar varios continentes, los propios, por supuesto.  Hace un año exactamente pude cerrar una etapa importante, y estar en paz.

Aun me falta conquistar la orilla de algunos vinculos. Me cuesta arribar, bajar con los pies descalzos y poder recorrer todo ese espacio dejando que sea lo que es. Dolorosamente lo que es, con sus enormes faltas, con sus huecos y ausencias.

Es lo que hay del ese lado y tambien es parte del paisaje de mi vida.

El vinculo con mi madre por ejemplo, o con mi unica hermana.

Casualmente ambas unidas con un hilo invisible, como casi todos los vinculos lo son, no?

Hoy justamente lo hablaba en terapia.

Que mas me queda por hacer? Soy hacedora por naturaleza, "intentadora" . He intentando aceptar estas relaciones como son, ciertamente desamoradas, o con un intercambio venenoso. No dura mucho tiempo, pero perdura, perdura profundamente.  De hecho aun recuerdo frases de mi madre en mi infancia, seguramente producto de su propia fragilidad emocional, como si de eso dependiese su propia existencia.

Hoy, 48 años una hija y 75 años una madre, aun con todo este recorrido encima, la comunicacion entre nosotras no deja de ser un puente a medio caerse, todo el tiempo... casi siempre.

Hoy, casi en el fin de este año tan dificil, me pregunto si hay algo mas "por hacer", o simplemente dejar que la vida siga su curso, sin intentar nada mas, sin decir nada mas, sin pedir nada mas, sencilla y duramente, dejar que sea "lo que es".


Probablemente este sea mi aprendizaje.

Dejar que sea.

 

 



8.9.20

Sobre la obligacion de ser felices

Porque si, porque es casi una obligacion ser felices.

Como cuesta a veces, cuesta muchisimo hacerse cargo de lo que necesitamos para serlo, como si estuviera en nuestro ser, el ver lo que NOS FALTA, en lugar de atesorar lo que SI TENEMOS.

Cada dia, en esta casa se repite una rutina... Ramiro se levanta (muy) temprano para ir a trabajar, aun no salio el sol o apenas segun el momento del año que sea. Yo me quedo en la cama, medio dormida, medio despierta, despues de que él me da un beso y me repite que siga descansando.

La perra sigue durmiendo y los gatos se acomodan en el hueco vacio que quedo en la cama. Yo, prendo el celular y espero que me avise que llego bien, me mande un par de besos y un "te amo" con no se cuantos corazones.

Todos los dias, exactamente la misma y amorosa rutina, tan solo para asegurarme que llego bien, que arranca su dia laboral y que yo puedo, tranquila, retomar el hilo de lo que estaba soñando.

Pienso en esto cada dia, en la importancia de los gestos, aunque sean repetidos, tan solo para saberse a salvo, para sabernos amados.

Porque de eso se trata la vida, la vida conciente de que si, de que somos (o podemos) ser felices con estas pequeñas cosas, aunque no llegue la casa con jardin, o aunque el encierro se haga eterno, o cuando las circunstancias parezcan imposibles y el humor sea rancio, pesado... aun asi, el aprendizaje constante es casi obligado.

Que pasaria si ese mensaje no llega?

Que pasaria si estuvieramos lamentandonos por no ser correspondidos por aquellos que amamos? O si acaso ya partieron?

Que pasaria si tuvieramos que pasar la eterna cuarentena solos? 

Por eso, sea cual sea TU vida de hoy, te propongo que valores todos los SI que tenes ahi, apenas al estirar tu mano, el pelaje suave de tu gato, o el hocico frio de tu perro, el abrazo de quien tanto te quiere, la llamada de aquel que esta del otro lado, esa copita de vino... el sol que se asoma todos los dias, sin importar que, ahi esta.


Valora tu dia a dia, por mas que detestes un sinfin de cosas... es un gran ejercicio porque, en definitva, ser felices, depende de nosotros y casi, casi que es una obligacion que tenemos para nosotros mismos.



 

 

 

30.6.20

Aprendizaje 2020

El paso del tiempo.
El covid, los virus, el encierro, lo que importa de verdad, lo que ya no.
Lo que es esencial, lo que con cierta facilidad es mas sano dejar ir, lo que aun nos resulta imposible.

Las horas y aprender sobre eso, sobre los momentos infimos que se escapan, aunque se sienta que es "mucho tiempo".

A mi, no me alcanza.
Para mi la pandamia solo hizo que se corriera el velo de lo verdaderamente importante; los abrazos, la salud, el refugio, los seres amados, la inevitable perdida del control.

Acaso teniamos control de algo?
Aprender sobre eso, constante e indefectiblemente.
Enfrentarnos a nuestras intimas soledades, no se puede hacer pie en el mundo sino abrazamos quien verderamente somos.

Entender que los cambios solo empiezan en uno, y se puede vivir mejor, que solo hace falta separar la paja del trigo, de valorar lo verdaderamente importante.

El tiempo, el tiempo no vuelve y se escurre.

Preguntarte donde queres estar, con quien, de que modo y que de estas respuestas dependan absolutamente todos tus actos, este es el verdadero camino hacia la felicidad.

Lo que aprendemos de nosotros mismos, de los otros, de nuestros recorridos, de nuestras cruces, es lo que construye nuestras tan anheladas respuestas.

Ojala el bosque y el canto de los pajaros esten esperando por mi cuando todo esto termine, que mis pasos vayan con certeza hacia ese lugar donde me deje envolver por la simpleza de los momentos, el olor a tierra mojada, el susurro de la inmensidad del mar, que todo este largo camino personal, me lleve donde sin duda y sin temor... pueda ser yo!


 

Cruzar a la otra orilla

Siempre me veo a mi misma, remando. Como una remadora olimpica, que va, se entrena, le duelen los brazos, pero aun asi, sigue, y sigue, con ...